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Escudo De Manatí

Escudo De Manatí,PR

Escudo De Manatí

Escudo cuartelado: (1) y ...

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Historia De Puerto Rico

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La historia de Puerto Rico comenzó con el asentamiento del pueblo indígena ostoinoide en el archipiélago de Puerto Rico entre los años 3000 y 2000 a. C. Otras tribus, como la de los indios arahuaco y saladoide, poblaron la isla entre los años 430 a. C. y 1000 d. C. En el momento de la llegada de Cristóbal Colón al Nuevo Mundo en 1492, la cultura indígena dominante era la de los taínos.

La isla de Puerto Rico fue descubierta el 19 de noviembre de 1493 por Cristóbal Colón, en su segundo viaje de exploración. Algunos historiadores son de la opinión que la isla fue descubierta por Martín Alonso Pinzón en 1492 durante el tiempo que estuvo separado de Colón. Los taínos, habitantes nativos de la Isla, llamaban a ésta «Boriquén», origen del nombre «Borínquen», término que guarda cierta semejanza acústica con el nombre original, y que ha proporcionado el aún existente «boricua». Según los historiadores, este nombre «Boriquén» se deriva del vocablo «buruquena», nombre de un pequeño crustáceo endémico del Caribe Puertorriqueño.10 11

Según algunos historiadores, los taínos constituían una cultura pacífica y hospitalaria, que contrasta con datos históricos por Scarrano, Waguenheim, y otros historiadores que depictan una cultura hospitalaria pero cautelosa. Éstos les entregaron a los españoles regalos de oro, metal que para ellos tenía un valor simplemente decorativo, como un collar de caracoles, mientras que para los habitantes de Europa, Asia y África era y sigue siendo muy preciado.

Existe la teoría de que ese comportamiento se debía a la creencia de que los españoles eran dioses por el color de su piel; pero la opinión moderna lo descarta como mito. En realidad lo que se desprende de los escritos de los colonizadores es la referencia a que fueron tratados como dioses por los taínos, lo cual es un enfoque propio del colonizador, pero no es un indicador objetivo de lo que los taínos realmente pensaban sobre ellos. Hay que recordar que en ese momento no existían buenos traductores españoles capaces de profundizar en una conversación con los taínos y que los que existían se dejaron llevar por sus impresiones.

Otro incidente que vale la pena examinar es la muerte de Diego Salcedo, un colonizador que mantuvo esclavizado a un grupo de taínos. Éstos se rebelaron contra él por su trato cruel y lo ahogaron en un río. Muchas personas creen que el acto se llevó a cabo para verificar su condición de dios, pero los académicos difieren. Un hecho utilizado para rebatir esta presunción es que en 1492 se construyó en la actual República Dominicana el Fortín de Navidad con los restos de la embarcación Santa María. Cuando regresaron los españoles en 1493 encontraron que el fortín había sido destruido por el fuego y que los taínos habían matado a todos los colonizadores residentes en él. Los expertos en el tema son de la opinión de que la muerte de Salcedo fue un acto premeditado del Cacique Agüeybaná, que representó el inicio de la rebelión indígena contra los colonizadores en las Antillas.

En 1508 Juan Ponce de León colonizó la isla y fundó el poblado de Caparra. Ponce de León fue recibido por el Cacique Agüeybaná y rápidamente tomó control de la Isla, en contraste con el intento fallido de Vicente Yáñez Pinzón, quien fue declarado Capitán General y Corregidor y se limitó a desembarcar animales domésticos en el oeste de la Isla. Después de la muerte de Cristóbal Colón, quien había sido declarado «Gobernador de las Indias», este título le fue negado a su hijo Diego Colón y la Corona Española nombró a Juan Ponce de León como primer gobernador oficial de la Isla.

Bajo el sistema de la encomienda, equivalente al sistema feudal europeo, se forzó a muchos taínos a abandonar sus aldeas para vivir en las haciendas. Muchos taínos murieron debido a que carecían de inmunidad contra las enfermedades traídas por los europeos, tales como el sarampión o la viruela. Los taínos que sobrevivieron fueron liberados cuando Fray Bartolomé de las Casas, de origen español, convenció a los Reyes Católicos de que eliminaran la encomienda. Para llenar el vacío dejado por los vasallos liberados, los comerciantes comenzaron a traer a Puerto Rico esclavos africanos negros. Los africanos, en su mayoría, fueron establecidos en la zona oriental de la Isla, en pueblos como Vieques, Loíza y Ponce. Debido a esta mezcla de etnias los puertorriqueños modernos describen a Puerto Rico como un país con ciudadanos con un mestizaje producto de tres razas (taína, española y en menor medida africana).

Durante siglos, el Imperio español y el Imperio británico lucharon entre sí por la posesión de esta isla. La isla de Puerto Rico fue posesión colonial de España durante más de 400 años. El movimiento, llamado el Grito de Lares, fue una insurrección armada ocurrida el 23 de septiembre de 1868, sin embargo, fue controlada rápidamente por el Imperio español. Tras el Grito de Lares, que coincidió con la Revolución de 1868 en España, se sucedieron reformas políticas y sociales hacia el final del siglo XIX.12 La lucha por la autonomía llegó casi a alcanzar su propósito el 25 de noviembre de 1897, cuando la Carta Autonómica, que concedía autonomía soberana y política a la isla, fue aprobada en España aunque rápidamente revocada.

Los Estados Unidos entraron en la historia puertorriqueña al ocupar la Isla el 25 de julio de 1898 durante la Guerra hispano-estadounidense. El 10 de diciembre de 1898 se firmó el Tratado de París, por el que Puerto Rico y el resto de los territorios coloniales (Cuba y Filipinas) del Imperio español se cedieron a los Estados Unidos, el 11 de abril de 1899.

En 1900, la Ley Foraker creó un gobierno civil que reemplazó al gobierno militar de ocupación. Puerto Rico fue administrado por el Departamento del Interior de los Estados Unidos, pero el gobernador era nombrado por el presidente de los Estados Unidos. Este tipo de gobierno se basó en un modelo republicano, con tres ramas: el Poder Ejecutivo (Gobernador), el Poder Legislativo (Asamblea Legislativa) y el Poder Judicial (Tribunal General de Justicia). Cabe mencionar que la Asamblea Legislativa constaba de dos Cámaras: por un lado, el Consejo Ejecutivo constituido por los Secretarios del Gobernador; y, por el otro, una Cámara de Delegados compuesta de treinta y cinco miembros elegidos cada dos años por los electores capacitados. Un dato importante es la creación del cargo de Comisionado Residente, representante de la Isla en el Congreso de los Estados Unidos, pero sin derecho a votar en decisión alguna de dicho cuerpo.

En 1917, con la Ley Jones, se le otorgó a los puertorriqueños la ciudadanía estadounidense, se eliminó el Consejo Ejecutivo como Cámara Legislativa y se dividió a sus funcionarios para formar distintos Departamentos Independientes bajo el Poder Ejecutivo. Éstos fueron el Departamento de Justicia, liderado por el Procurador General; el Departamento de Hacienda, liderado por el Tesorero; el Departamento del Interior, dirigido por el Comisionado del Interior; el Departamento de Instrucción, liderado por el Comisionado de Instrucción; el Departamento de Agricultura y Comercio, dirigido por el Comisionado de Agricultura y Comercio; el Departamento del Trabajo, dirigido por el Comisionado del Trabajo, y el Departamento de Salud, liderado por el Comisionado de Salud.

En sustitución del Consejo Ejecutivo se creó el Senado de Puerto Rico, que se compondría de diecinueve miembros elegidos por los electores capacitados y sirviendo por períodos de cuatro años. Además a éstos, se añaden siete distritos senatoriales representados por dos senadores, más cinco senadores electos por acumulación. Este Senado ejercería todos los poderes y funciones puramente legislativos que hasta ese momento había ejercido el Consejo Ejecutivo, incluyendo la confirmación del nombramiento de Gobernador.

En 1922 la Corte Suprema de los Estados Unidos, en el caso Balzac v. Porto Rico, 258 U.S. 298 (U.S. 1922), interpretó que la Ley Jones no expresaba que Puerto Rico fuese un territorio incorporado, frase que describe a aquellos territorios en proceso de incorporación e integración a Estados Unidos como un estado adicional de ese país.

En 1946 la presión para conceder poderes negados hasta entonces por casi medio siglo a los puertorriqueños comenzó a dar resultados con el nombramiento por parte del presidente Truman del Comisionado Residente Jesús T. Piñero Jiménez para el puesto de Gobernador de Puerto Rico. Se convirtió así Jesús T. Piñero en el primer puertorriqueño que ocupó en propiedad el más alto puesto político en toda la historia de la Isla. En 1947 el Congreso aprobó la ley que les permite a los puertorriqueños elegir a su gobernante mediante voto electoral por un término de cuatro años.

En 1948, Luis Muñoz Marín, fundador del Partido Popular Democrático e hijo de Luis Muñoz Rivera, ganó las primeras elecciones para gobernador en la historia de Puerto Rico. El 3 de julio de 1950 fue aprobada por el Congreso de los Estados Unidos la Ley Pública 600, que permite a la Asamblea Legislativa formar una Asamblea Constituyente para la creación de la Constitución de Puerto Rico, sujeta a posterior aprobación por parte del Presidente de los Estados Unidos y el Congreso. Esta ley deja intacta la Ley Jones y la bautiza como Ley de Relaciones Federales, eliminando sólo las disposiciones que serían incluidas en el momento en que la Constitución de Puerto Rico entrase en vigor. El 30 de octubre de 1950 tuvo lugar la Insurrección Nacionalista, en respuesta al proyecto del «Estado Libre Asociado». Blanca Canales proclamó la República de Puerto Rico en el Grito de Jayuya y se dieron combates en diferentes puntos del País. El pueblo de Jayuya fue bombardeado desde el aire, hubo matanzas en Utuado y La Fortaleza, residencia del Gobernador, fue atacada a tiros. En 1954, para dejar claro que la insurrección independentista no era un problema interno de los puertorriqueños, como decía el gobierno estadounidense, los nacionalistas Lolita Lebrón, Rafael Cancel Miranda, Irving Flores y Andrés Figueroa Cordero protestaron en el Congreso estadounidense, Lolita dando tiros al aire a la Casa Blair. Todos los atacantes fueron arrestados, incluyendo a Pedro Albizu Campos y cumplieron largas condenas en cárceles federales por no disculparse por haber realizado dicho acto.

Los opositores al Estado Libre Asociado y muchos académicos reclaman que el mayor efecto de esta ley fue cambiar el nombre de la ley que regía a Puerto Rico y perpetuar la alegada relación subordinada, puesto que erróneamente se piensa que en el año 1952 es cuando se obtiene la elección del gobernador por voto popular y el sistema de gobierno republicano, cosas otorgadas por las leyes anteriormente reseñadas. Los defensores del Estado Libre Asociado reclaman que se dejó de ser colonia por medio de un «pacto bilateral», por haberse definido la relación de Estados Unidos con Puerto Rico como una «in a nature of a compact» asociación, término no definido bajo el Derecho Internacional.

En 1952 Muñoz Marín indujo a Puerto Rico a obtener el estatus de Estado Libre Asociado, bajo la Constitución del mismo, que es la situación política actual en la Isla.

El inglés y el español han sido los idiomas oficiales de Puerto Rico, a penas, desde la firma de la Ley del 5 de enero de 1993, aunque todavía predomina el uso del segundo idioma.

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Viejo San Juan,PR

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En 1508, Juan Ponce de León fundó la ciudad de Cáparra (llamada así por la provincia de Cáceres en España, lugar de nacimiento del entonces gobernador de los territorios españoles en el Caribe, Nicolás de Ovando). Las ruinas de Caparra se conocen como el sector Pueblo Viejo en Guaynabo. En 1509, Caparra fue abandonada y mudada a un lugar al que se le llamó en ese momento «Puerto Rico», un nombre que evocaba el de un puerto similar en las Islas Canarias. En 1521, el nombre «San Juan» se añadió, y al establecimiento original se le dio el nombre formal de «San Juan Bautista de Puerto Rico», siguiendo la tradición de bautizar las ciudades con un nombre formal y con el nombre original que le dio Cristóbal Colón, honrando a Juan el Bautista.

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Historia de San Juan,PR

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En 1493, en su segundo viaje a América, Cristóbal Colón descubrió la isla que en la actualidad se conoce con el nombre de Puerto Rico y la llamó San Juan Bautista.

Ruinas de la residencia de Juan Ponce de León en Caparra.

Rápidamente, San Juan se convirtió en el puesto militar español más importante de América. En 1508, Juan Ponce de León fue nombrado por el gobierno español primer gobernador de la isla. Fue él quien fundó el establecimiento original, Caparra, al oeste de la actual área metropolitana. La ciudad fue construida en una isleta hacia 1521. España, para defender la isla de los intentos de conquista por parte de ingleses y holandeses, construyó los fuertes militares de San Felipe del Morro y San Cristóbal. Ambas construcciones son hoy lugares de atracción turística. En 1595, el británico Francis Drake fue derrotado en la bahía de San Juan por los cañones del Morro, en el transcurso de la que sería su última expedición contra América, falleciendo poco después tras ser derrotado de nuevo por los españoles en Panamá.

Con el paso de los siglos, la fuerza militar de Puerto Rico se convirtió en una fuerza económica que dio como resultado la única isla del Caribe donde la industria y el comercio sobrepasaron a la producción agrícola.

En 1898, Puerto Rico pasó a ser botín de guerra de los Estados Unidos durante la Guerra hispano-estadounidense. Desde entonces, Puerto Rico ha estado bajo el control de los Estados Unidos. En 1917, la Ley Jones confirió a los puertorriqueños una ciudadanía americana incompleta6 y la isla pasó a ser territorio oficial de los Estados Unidos, con gobernadores estadounidenses nombrados por el Presidente.
Puerto de San Juan en 1923.

En 1947, se celebraron las primeras elecciones nacionales y los puertorriqueños eligieron a su primer gobernador y, en 1952, Puerto Rico obtuvo su estatus de Estado Libre Asociado.

El Viejo San Juan fue construido como un emplazamiento militar de las fuerzas militares españolas. El área cubre siete bloques cuadrados de calles estrechas pavimentadas en adoquines y alineadas con antiguas casas coloniales con sus balcones y patios. Las fortalezas y las murallas del Viejo San Juan están entre las mejor preservadas en el hemisferio. El área está repleta de casas, iglesias y plazas antiguas que representan la arquitectura más apreciada del Caribe.

La Garita, una caja de centinela en el Fuerte San Felipe del Morro (Castillo El Morro), ha venido a simbolizar a Puerto Rico y El Viejo San Juan. El nombre de la ciudad de San Juan ha sufrido a lo largo del tiempo un cambio curioso. Cuando tuvo lugar la llegada de los españoles al país, el 19 de noviembre de 1493, el almirante Cristóbal Colón la bautizó San Juan Bautista. Años después, el conquistador Juan Ponce de León, durante la exploración de la costa norte, descubrió una amplia bahía a la cual calificó de “Puerto Rico”. Pasado el tiempo se intercambiaron los nombres; la isla pasó a llamarse Puerto Rico, y la bahía, el puerto y la ciudad, San Juan.

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La Ceiba

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De acuerdo con una de las leyendas puertorriqueñas, la taína Guanina y el español Cristóbal de Sotomayor estaban enamorados. Guanina era la hermana del cacique Agüeybaná y Cristóbal era el alcalde y fundador del pueblo que llevaba su apellido. Sin embargo, este amor era imposible.

Guarionex, un indio taíno, también estaba enamorado de Guanina. Los indios, cansados del maltrato de los españoles, se unieron para pelear contra ellos.

En una lucha liderada por Guarionex, entre taínos y españoles, los indios mataron a Sotomayor, deliberadamente, y a Guanina, por accidente. A los cuerpos de Guanina y Sotomayor los enterraron juntos, al lado de una enorme ceiba. Desde entonces, se dice que el murmullo que se oye cuando las hojas de la ceiba se mueven por el viento y las dos luces blancas que se observan alrededor del árbol, no son producto de las hojas ni de los cucubanos, sino de Guanina y Sotomayor, que cantan y celebran su unión eterna.

Guanina y Sotomayor

Guanina era una india taina, hermana de Agüeybaná el Bravo, jefe de la tribu y de un grupo de bravos guerreros, el cacique supremo de toda la isla de Puerto Rico. Guanina significa en el lenguaje taíno: “Resplandeciente como el oro”.

Los conquistadores españoles se habían apoderado de la isla de Borinquén, que así se llamaba entonces la isla de Puerto Rico.

En aquel tiempo, un indio llamado Guarionex vivía enamorado de Guanina. Guanina era la hermana del cacique supremo, o sea el jefe de todas las tribus de la isla.

Cada vez que Guarionex veía a Guanina, el corazón le latía de tal manera que parecía que se le quería salir del pecho. Cada vez que él la veía le declaraba su amor. Ella no le correspondía porque vivía enamorada de un conquistador español llamado Don Cristóbal de Sotomayor, alcalde mayor y fundador de un poblado al que había bautizado con su propio apellido.

Guarionex, lleno de odio mortal hacia Sotomayor, le gritaba: – ¡Don Cristóbal, uno de los dos debe de morir! Tú no mereces vivir porque me robaste el amor de Guanina, y yo no quiero seguir viviendo si me falta su amor.

Los indios ya no podían soportar más el trato cruel de los españoles. Los indios taínos los habían recibido con amistad y habían celebrado la ceremonia del guatiao ( pacto de fraternidad que sellaban con el intercambio de nombres). Por eso al cacique Agüeybaná también se le llamaba Don Cristobal.

Desde entonces, los jíbaros dicen que cuando el viento agita de noche las ramas del árbol frondoso, se oye un murmullo, que no es el rumor de las hojas, y se ven dos luces muy blancas, que no son luces de luciérnagas o cucubano, sino los espíritus de Guanina y Sotomayor que flotan, danzan y se funden, cantando la dicha de estar unidos siempre.

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Carabalí

En el camino que va de la ciudad de Arecibo a la de Utuado, en una de las cumbres, hay una caverna. Señala su entrada una mancha negruzca. Es la cueva de los muertos. En ella yodo es oscuridad. Los murciélagos revolotean. Su atmósfera es fría y húmeda: las estalactitas y estalagmitas hacen más fantástico su aspecto. Hacia el fondo, una brecha del suelo da paso a un profundo abismo. Los vecinos la llaman la cueva de los muertos porque en tiempos lejanos se encontraron cráneos y huesos humanos. Algunos la creen embrujada y dicen que las almas de los esclavos salen en la noche de San Blas a maldecir a sus dueños por haber muerto en pecado mortal. También guardan el recuerdo de Carabalí, el negro que desertó y que con su cuadrilla sembró el terror en la hacienda.

Cuentan que Carabalí logró huir de la cárcel. El capataz, como se hacía siempre en casos semejantes, mandó a reunir la jauría y los hombres necesarios para atraparle.

Era un día gris. Una espesa niebla cubría la comarca. Carabalí se adentró en el bosque. Cuando se creyó seguro, miró con gesto amenazador a la lejana hacienda y reanudó su marcha. Así continuó, hasta llegar a una gruta que había en la montana. Avanzó dentro de ella, y para calentarse y ver mejor encendió fuego con unos maderos que encontró. Más tarde, vencido por el cansancio, quedó dormido. Cuando llegó la mañana, la claridad le abrió los ojos. Afiló su machete, dispuesto a la defensa; se desayunó con frutas silvestres y acto seguido se puso a cortar ramas y arbustos, para obstruir y hacer más difícil el acceso a la gruta. De pronto a lo lejos, le pareció escuchar el ladrido de un perro; la jauría no tardaría en llegar, los ladridos eran cada vez más claros

A los pocos minutos, los perros estaban a la puerta de la caverna. Carabalí salió a su encuentro y de un solo tajo cortó la cabeza al primero que se encontró. Hizo lo mismo con otro tres perros; pero en el cuarto no asestó certeramente el golpe, y el animal retrocedió hasta donde se encontraban los capataces. Comprendieron éstos que el fugitivo no andaba lejos, se aproximaron a la gruta.

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Coquí

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Los indios Coqui, en tiempos remotos, pero difícil de olvidar, habitaban la isla de Borinquen. En una de las Villas indígenas, en la región del Toa, vivía una bella muchacha india, que honrando la región, llevaba su nombre: Toa. Era la bella princesa Toa, hija del cacique Agueybaná.

Toa había sucumbido a los encantos de un humilde cazador y pescador, llamado Coqui, a quien eterno amor había jurado. Mas su amor era prohibido porque siguiendo la taína tradición, con un guerrero debía ella casarse.

Agueybaná su padre en compromiso la había dado a Guanime, muy fuerte guerrero hijo del cacique Caguax. Enterándose Agueybaná del amor secreto de la Princesa Toa con el humilde Coquí, ordenó el destierro de Coqui obligándole a abandonar la tribu prohibiéndole volver en su vida a ver a Toa.

No pudo el poder de Agueybaná contra el amor de Toa y Coquí. En secreto se reunían noche tras noche junto al río para jurarse su amor. Mas al destino no le gusta que le dicten pautas y una aciaga noche Yuquila, quien en secreto amaba a Coqui les vio. Escuchó a ambos planeando escapar.

Viendo como el peligro de perder por siempre a Coquí era inminente, corrió a decirle a Agueybaná de los planes de la Princesa Toa.

Sintiéndose desobedecido, el Cacique Agueybaná envió a sus guerreros a buscar a Coquí y darle muerte. Cumplidas las órdenes del Cacique, al enterarse Toa del vil asesinato de su amado, sabiendo que no podía vivir sin él prefirió la vida quitarse.

Mientras agonizaba la Princesa esta maldición le dijo a su padre: Por haber acabado con el amor de mi vida será maldita el resto de tu existencia; en las noches de Coquí el nombre escucharás como un canto al amor que mi sempiterno amor habrá de recordarte y tu traición no permitirá olvidar.

La maldición se hizo realidad. Esa misma noche pequeñas arboreas ranas de la nada surgieron con el bullanguero e incansable canto del nombre de Coquí.

El constante cantar y el eco del coquí a Agueybaná enloquecieron y hasta el día de hoy en las noches una sinfonía de coquíes cantan en toda Borinquén como recuerdo al amor de Toa por el indio cazador.

EL PIRATA COFRESí por Cayetano Coll y Toste

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La goleta “Ana,” navegando de bolina y orza este, cuarta al nordeste, dobló punta Borinquen e hizo frente a las embravecidas ondas del mar del Norte, dejando las tranquilas aguas del noroeste de la ensenada de Aguadilla.

–”Aferra el trinquete(3) y afloja foque(4) y mayor(5)”, gritó Cofresí al segundo de a bordo; y echémonos mar afuera a ver si tenemos hoy buena fortuna a barlovento.

Las órdenes del pirata se cumplieron estrictas y la ligera nao empezó a navegar velozmente con todo su aparejo a vela llena. Las ondas se rompían impetuosas en su proa y azotaban con sus espumas blanquizcas la cubierta del barco. Las cuadernas de la goleta crujían de vez en cuando. Detrás iba quedando una estela de lechoso espumajo hirviente.

El horizonte estaba límpido, el cielo azul, y el brisote frescachón que soplaba del este estaba fijo. La isla se iba perdiendo de vista. De cuando en cuando una gaviota pasaba graznando sobre la embarcación: parecía un pañuelo blanco arrojado en el espacio.

–”Pilichi”, dijo Cofresí al grumete, con soberbio ademán, “vé a mi camarote y tráeme el anteojo. Me parece divisar algo en lontananza”.

Y el arrogante marino ponía la mano horizontal sobre las cejas, como una visera, para enfocar bien su mirada de águila y escudriñar las lejanías del mar. Recibido el catalejo lo tendió diestramente y, cierto de lo que presumía, por sus ojos fulguró un relámpago, y gritó al contramaestre con voz llena de fanfarria.

–”Hazte cargo del timón, Galache, que tenemos enemigos a la vista”.

Era un brick(6) danés que conducía mercaderías de Nueva York a San Thomas. Para tal época esa isla, con su puerto franco, era un depósito de grandes aprovisionamientos de telas, ferretería y artículos de lujo traídos de Europa y Norte América para surtir las Antillas y Venezuela. Cada vez se distinguía más claro el confiado buque mercante. Cofresí pasó al entrepuente de proa e hizo en su presencia cargar el pedrero de bronce con un saquillo de pólvora y abundante metralla. Después se cercioró que estaba fuerte el montaje de la cureña y firmes las gualderas. Entonces marchó a popa donde reunió su gente, llamando a cada uno por su nombre, y les dio sus instrucciones. Revisó severamente machetes y cuchillos. Hizo traer más armas blancas y ordenó ponerlas en un sitio especial en el combés cerca del palo del trinquete. Y tranquilamente se puso a amolar, con sumo cuidado, su hacha de abordaje.

La gente del bergantín, al divisar la goleta, izó la bandera danesa en señal de saludo. La velera “Ana” izó bandera de muerte, es decir, la bandera negra de los piratas. El brick ya no podía huir y afrontó el peligro. La goleta era muy andadora y se habla apropiado directamente al enemigo. El bergantín estaba abarrotado en su carga. Su tripulación comprendió que tenía que habérselas con un barco pirata. Pronto la borda del brick fue ocupada por diez rifleros alineados que hicieron fuego de fusilaría. Eran malos tiradores. Las balas atravesaron el velamen de la “Ana” y algunas se incrustaron en la obra muerta(7) del casco. Entonces las armas de fuego no eran de repetición; de modo que mientras las cargaban de nuevo los tiradores del bergantín, la goleta se puso a doscientos pies de distancia y le lanzó una descarga de metralla con el pedrero de proa. El ruido del cañón impresionó a los marineros del brick y antes que pudieran disparar por segunda vez sus rifles, ya la “Ana” estaba al abordaje, ceñida al buque contrario por estribor.

Cofresí, hacha en mano, seguido de los suyos, saltó ágil y célere al buque abordado y atacó cuerpo a cuerpo a los defensores del brick. Estos no estaban preparados para un combate al arma blanca. Sonaron tres o cuatro tiros y quedó despejado el entrepuente(8). Los marineros del bergantín se refugiaron en las bodegas. Rápidamente se adueñó Cofresí del buque dando muerte al timonel y a algunos marinos que quedaron sobre cubierta. Después cerraron las escotillas(9) y quedó preso bajo cubierta el resto de la tripulación del brick. El capitán danés estaba junto al palo de mesana, en un charco de sangre, con la cabeza abierta de un hachazo. Los cadáveres fueron arrojados al mar y empezó el alijo de la sobrecubierta. En seguida se saquearon las bodegas con suma precaución y se trincaron bien los presos que iban apareciendo. Luego de saqueado el bergantín se le dio barreno, y se desatracó el pirata para verlo hundirse. El brick dio una cabezada primero y se inclinó de proa; después se fue sumergiendo poco a poco hasta que de repente desapareció bajo las aguas.

La “Ana” hizo entonces rumbo hacia la Isla, que se divisaba a sotavento, y maniobró en demanda de punta San Francisco para ocultarse en Cabo Rojo.

El comercio de San Thomas estaba aterrado con las depredaciones de Cofresí. Por fin el gobierno de Washington intervino y dio orden al Almirantazgo de castigar al pirata puertorriqueño. Pronto llegó a conocimiento de Cofresí que un barco de guerra norteamericano había venido a ayudar a las autoridades de la Isla para capturarlo o destruirlo. Entonces abandonó sus correrías por aguas del Atlántico y se pasó al mar Caribe.

Estando la “Ana” fondeada en el puerto de Bocas del Infierno divisó en lontananza una vela, y Cofresí con su velera nao salió prontamente a apresarla. Pero esta vez fue por lana y le zurraron la badana. Tan pronto estuvo a tiro de cañón recibió un balazo en el bauprésque le hizo comprender que se las había con un barco de guerra. No obstante, se le fue encima valentísimo y le hizo fuego de fusilería y cañón siendo recibido de igual modo. Viendo la superioridad del contrario viró de redondo y a todo trapo emprendió la huida. La goleta, descalabrada, izó la escandalosa(10) sobre los cangrejos para escapar mejor, utilizando el viento de popa que le soplaba. Cofresí se puso al timón porque la “Ana” era una nave de buen gobierno y muy veloz, y dirigió la goleta paralelamente a la costa, bojeando el sur y burlándose de sus perseguidores hasta que la embarrancó en un bancal diestramente. Echados un bote y una chalana al agua ganaron los piratas la playa, librándose del buque de guerra que no pudo alcanzarlos, ni maniobrar con sus botes por aquellos sitios inabordables.

Ya en tierra dividió Cofresí su gente en dos grupos, dándoles por punto de reunión la playa de Cabo Rojo. Antes enterraron lo que pudieron salvar de la “Ana.” Cada grupo bien armado emprendió la fuga por distinta vía.

Como las Milicias Disciplinadas estaban patrullando por aquella costa, pronto los dos grupos tuvieron que batirse y abrirse campo a sangre y fuego, volviendo a subdividirse, fatigados y jadeantes, hasta que acosados por la caballería tuvieron que rendirse a sus perseguidores. El jefe pirata fue cogido después de reñida refriega, todo cubierto de heridas.

Roberto Cofresí y Ramírez de Arellano(11), natural y vecino de Cabo Rojo, era un joven altivo, de veintiséis años de edad, robusto, valiente, audaz y de bravo aspecto. Unido a quince compañeros de la piel del diablo, eran el terror de estos mares antillanos con sus piraterías.

Para satisfacer a la vindicta pública y asegurar el reposo y tranquilidad de estas islas, fueron pasados por las armas en la mañana del 29 de marzo de 1825. Un gentío inmenso presenció el horroroso espectáculo en el Campo del Morro. Un destacamento del Regimiento de Infantería de Granada formó el cuadro para conservar el orden. Una descarga cerrada de un piquete de tiradores, a una señal sigilosa convenida, hizo que once de aquellos desgraciados pasaran a la eternidad. Los otros habían muerto en los combates sostenidos con las Milicias.

Satisfecha la curiosidad y llena de pavor dispersóse la muchedumbre conmovida. Las tropas volvieron a sus cuarteles a redoble de tambor. Y los cadáveres mutilados por la justicia humana quedaron expuestos al público por veinticuatro horas para escarmiento de malhechores.

Los hermanos de la Caridad, que no comulgan con el odio social, previo permiso del Gobierno, dieron sepultura a aquellos cadáveres en el cementerio de Santa María de la Magdalena.

Así terminaron el valiente Cofresí y sus intrépidos compañeros de correrías piráticas.

Publicado en: Proyecto Salon Hogar

 

LA GARITA DEL DIABLO

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GARITA DEL DIABLO – Con un grito de” Alerta” el centinela comenzaba la jornada militar, Esto se efectuaba frecuentemente para no dormirse y atestiguar su vigilancia. Misteriosamente, durante una noche oscura, desapareció un centinela de esta garita, surgiendo así la leyenda de la “Garita del Diablo”.

Los habitantes de la isla de Puerto Rico, eran muy propensos a los ataques de piratas. Por tal razón tenían que pasarse la vida vigilando. La ciudad capital estaba rodeada (aún está) por castillos y murallas . Alrededor de las murallas habían, entre trecho y trecho, unas garitas o torresitas donde los soldados hacían su guardia día y noche. Por las noches se sentías las rondas de gritos que los centinelas gritaban para no dormirse.

- ¡Centinela alerta! – le gritaba uno
Y el más cercano respondía:
-¡Alerta está!

Entre todas las garitas, había una, la más distante y solitaria. Estaba sobre un acantilado profundo en el extremo de la bahía. En el silencio de la noche, el ruido del mar producía un rumor como si los malos espíritus estuvieran cuchicheando.

Había un soldado al cual llamaban “Flor de Azahar”. El azahar era una flor muy blanca y como el soldado Sánchez tenía la piel blanca como el azahar, le llamaban así. Esa noche le tocó a Sánchez velar en esa garita.

Como de costumbre, los gritos de contraseña de los soldados se escuchaban de trecho en trecho. Pero, al llegar al de el soldado Sánchez, nadie contestaba. Solo se escuchaba el viento silbar y el mar con su rumor.

El miedo se apodera de sus compañeros que pasaron la noche temblando, del solo pensar, que le hubiese pasado a su compañero.

Al salir el sol, todos salieron corriendo hacia la garita a ver que había pasado en la garita, que se había quedado muda durante la noche. Encontraron: el fusil, la cartuchera y el uniforme del soldado Sánchez. El soldado Sánchez, había desaparecido sin dejar rastros.

Los soldados, que eran supersticiosos, comenzaron a decir que un demonio lo había sorprendido y se lo había llevado por los aires.

Desde ese día, a la garita del desaparecido Sánchez, se le conoce como “La Garita del Diablo”.

Eso fue lo que creyeron los soldados y el resto de la isla.

Pero la verdad…..esa se las contaré yo, ¿quieren saberla?. Pues aquí les va:

Sánchez (Flor de Azahar) era un soldado andaluz y muy guapo, que pertenecía al Regimiento de Caballería y tocaba una guitarra muy bella.

Diana, una mestiza, muy hermosa, vivía profundamente enamorada de Sánchez. Y Sánchez de ella. Se conformaban con mirarse y hablarse con los ojos. A Sánchez su ordenanza le prohibía acercarse a ella, y a ella, se lo prohibía su madre de crianza que era más estricta que un sargento.

Flor de Azahar (Sánchez) se comunicaba con ella, a través de su guitarra. En las noches la tocaba y cantaba. En el canto le comunicaba a Diana sus mensajes. Una noche le envió un mensaje, el cual solo ella podía comprender, que decía:

“Mañana cuando anochezca, vete a buscar a tu amor, porque lejos de tus brazos, se le muere el corazón.” La noche siguiente, Diana se levantó muy calladita y sigilosamente, salió de la casa para buscar a su amor. Cuando se encontraron, en la garita, se fundieron en besos y palabras de amor y decidieron huir lejos y vivir juntos para siempre.

Diana le había llevado un traje civil. El dejó en la garita el fusil, la cartuchera y el uniforme y sin hacer el menor ruido huyeron hacia la sierra y los bosques de Luquillo.

Allí, a escondidas del resto de la isla, construyeron su hogar y vivieron el resto de sus días.

Dicen que aún, en la garita, en las noches se escucha el rasgueo de la guitarra y una risa disuelta en el viento. Queriendo ésto decir que Diana y Flor de Azahar se burlan de los que inventaron la leyenda de la Garita del Diablo.

Publicacion en: Proyecto Salon Hogar

 

LEYENDA TAINA DE GUANINA Y SOTOMAYOR

guanina

Guanina era una india taina. Hermana de Agüeybaná el Bravo, ósea el jefe de la tribu y de un grupo de bravos guerreros, el cacique supremo de toda la isla de Puerto Rico. Guanina significa en el lenguaje taíno: “Resplandeciente como el oro”.

Los conquistadores españoles se habían apoderado de la isla de Borinquén, que así se llamaba entonces la isla de Puerto Rico.

En aquel tiempo, un indio llamado Guarionex vivía enamorado de Guanina. Guanina era la hermana del cacique supremo, ósea el jefe de todas las tribus de la isla.

Guarionex cada vez que veía a Guanina el corazón le latía a tal magnitud que parecía que se le quería salir del pecho. Cada vez que el la veía le declaraba su amor. Ella no le correspondía porque ella vivía enamorada de un conquistador español llamado Don Cristobal de Sotomayor, alcalde mayor y fundador de un poblado al que había bautizado con su propio apellido.

Guarionex lleno de odio mortal hacia Sotomayor, le gritaba: – ¡Don Cristobal, uno de los dos debe de morir! Tú no mereces vivir porque me robaste el amor de Guanina, y yo no quiero seguir viviendo si me falta su amor.

Los indios ya no podían soportar mas el trato cruel de los españoles. Los indios taínos los habían recibido con amistad y habían celebrado la ceremonia del guatiao ( pacto de fraternidad que sellaban con el intercambio de nombres). Por eso al cacique Agüeybaná también se le llamaba Don Cristobal.

Los españoles haciendo caso omiso al pacto, se repartieron a los indios como siervos. Los explotaban especialmente en los yacimientos de oro. Ya desesperados los indios anhelaban volver a ser libres. Una noche, celebraron un areito (reuniones para celebrar sus fiestas, recordar tradiciones, y tomar decisiones sobre todo cuando era necesario tomar una decisión sobre una guerra). Esa noche Agüeybaná y los taínos decidieron que los españoles tenían que morir para ellos poder ser libres otra vez.

Guarionex quiso el poblado de su enemigo mayor, que era Don Cristobal de Sotomayor. Güarionex no pudo matar a Don Cristobal de Sotomayor porque en ese momento Sotomayor estaba llegando al bohío de Agüeybaná donde Guanina le advirtió que se salvara que los indios se habían revuelto en su contra.

Sotomayor se fue con sus soldados a La Villa de Caparra para ver al Gobernador. Agüeybaná le prestó a Sotomayor a unos Naborías para que lo ayudaran con la carga. Pero en secreto les dijo que cuando empezara el ataque, huyeran con la carga. Guanina no quiso dejar a Sotomayor huir solo y se fue con el.

Los indios tainos los persiguieron y el ataque empezó. Sotomayor peleaba ferozmente con su espada mientras los golpes de las macanas de los indios le iban abriendo profundas heridas. En el momento de mayor peligro, Guanina se interpuso entre Sotomayor y los indios y recibió en su cuerpo la herida mortal que iba dirigida a su amado. En ese momento de distracción de Sotomayor, Agüeybaná aprovechó para traspasarlo con su flecha. Cayó Sotomayor en los brazos de su amada Guanina.

Agüeybaná mandó a que los enterraran juntos, pero que a Sotomayor le dejaron los pies fuera de la tumba para que no pudiera encontrar el camino a la tierra de los muertos.

Poco después los españoles rescataron los cuerpos y los enterraron, uno al lado del otro, al pie de un risco empinado y a la sombra de una enorme ceiba.

Desde entonces, los jíbaros dicen que cuando el viento agita de noche las ramas del árbol frondoso, se oye un murmullo, que no es el rumor de las hojas, y se ven dos luces muy blancas, que no son luces de luciérnagas o cucubano, sino los espíritus de Guanina y Sotomayor que flotan, danzan y se funden, cantando la dicha de estar unidos siempre.

Glosario:

bohío = casas o chozas donde vivían los indios.
Caparra = primera residencia del conquistador, gobernador de Puerto Rico, Juan Ponce de León
cucubano = insecto volador que despide una luz azulada durante la noche
jíbaro = nombre conque se conoce a los campesinos puertorriqueños.
macana = arma defensiva de los indios, hecha de madera más dura de una especie de palma.
Naborias = indios que trabajaban como siervos para un señor, ya éste un cacique o colono español
Taínos = palabra indígena que significa “los buenos” y que da nombre a los indios de las Antillas Mayores.
guatiao = pacto de fraternización que sellaban con nombres
areito = reuniones que hacían los indios para celebrar sus fiestas, recordar tradiciones, tomar decisiones, o declarar guerras.

 

Historia de Carolina,PR

Carolina placiando

Lorenzo Vizcarrondo y Ortiz de Zarate, rico hacendado cuyas fincas quedaban al norte tuvo la idea de fundar un nuevo pueblo.

 Este había tratado desde 1855 de que el pueblo de Trujillo Bajo se trasladara a la rorilla norte del rio Las razones para ello era que las frecuentes avenidas del río les impedían toda comunicación con el pueblo para obtener administración de justicia, uniéndore a esto los inconvenientes para beneficiarse de los oficios religiosos, por ser los barrios del norte los que más contribución pagaban. Luego de vencer estas dificultades,. Se fundó el nuevo pueblo de San Fernando de la Carolina, el 31 de enero de 1857

 El nuevo territorio tenían en su jurisdicción los barrios Hoyo Mulas, San Antón, Martín González y Sabana Abajo.Al momento de la fundación consistían de nueva cuerdas y media compradas a Don José Gabriel Quiñones por la cantidad de 237 pesos 90 centavos. A su vez ese terreno habia sido comprado a Buenaventura Quiñones, dueño de la Hacienda Ingenioso Viejo en el barrio Hoyo Mulas. Estaba en el sector llamado Las Carolinas, pero no es de aquí que toma el nombre, sino de doña Carolina Martínez de Andino y Vizcarrondo.

 En 1864, el pueblo de San Mateo de Cangrejos fue repartdio entre Carolina y Rio Piedras y San Juan. El barrio Cangrejo Arriba le correspondió a Carolina, zona conocida actrualmente como Isla Verde. El pueblo de Trujillo Bajo en 1873 paso a ser parte del municipio de Carolina .Contaba con 12 calles y ubicadas 366 casas.

 Carolina cumple este año 148 años de la fundación.

 FUNDACION

Carolina se fundó el 31 de enero del 1857. Hace 130 años, la isla de Puerto Rico, bajo el Gobernador y Capitán General don Fernando de Costoñer, Conde de la Cenia, presenció el surgimiento de un nuevo pueblo: San Fernando de la Carolina, juramentando como Alcalde el ex-capitan de infantería don Lorenzo Vizcarrondo y Ortiz de Zárate, natural de San Juan.

 ORIGEN

San Fernando de la Carolina. En honor de una niña hija de uno de los dueños de las fincas que quedaban donde se fundaría el pueblo de Carolina que anteriormente se le llamaba Trujillo Bajo.

 PATRON DEL PUEBLO

San Fernando de la Carolina

 COGNOMENTO

Tierra de Gigantes, Los tumba brazos

 GENTILICIO carolinense